En Colombia, de los cerca de 11.500.000 de jóvenes en edad de trabajar, el 51% están excluidos de oportunidades de educación o empleo formal, esto es, 1 de cada 2 jóvenes.
Esta cifra deja en evidencia que en el país se está perdiendo más de la mitad del potencial de la juventud que, si hoy accediera a las oportunidades requeridas, podrían contribuir al desarrollo social y económico del país.
El programa Global Opportunity Youth Network – GOYN, en alianza con la Fundación Corona, presentó el informe que visibiliza las problemáticas a las que se enfrentan la población joven al intentar acceder y culminar la trayectoria desde la educación, hasta el empleo, pues al analizar las cifras de dicho informe, se puede observar que el porcentaje de jóvenes que no accede a estas oportunidades presenta un aumento progresivo, pasando del 34% en 2018 a 37% en 2022.
Al analizar las cifras por género, se evidencia que existe una mayor participación de las mujeres jóvenes en la inactividad, que los hombres, esto asociado en su mayoría al cuidado y actividades del hogar, representando el 76% de quienes se dedican a estas actividades, no necesariamente por voluntad, limitando el tiempo que pueden dedicar a oportunidades de formación y empleo y que en la mayoría de los casos no son remuneradas.
Por otro lado, un análisis detallado de la informalidad laboral permite evidenciar que este tipo de actividad está relacionada de manera cercana con el máximo nivel educativo alcanzado siendo este un factor importante en la probabilidad de acceder al mercado laboral formal, ya que mientras la tasa de informalidad para la población joven que alcanzó la educación primaria es del 64%, esta disminuye a 40% para la población joven que finaliza la educación media y a 25% y 19% para quienes finalizan niveles técnicos o tecnológicos y universitarios respectivamente.
¿Qué se puede hacer?
El informe propone diferentes acciones que permitan mitigar las barreras a las que se enfrenta este grupo poblacional tales como: focalizar estrategias de generación de oportunidades por localidad o sector, entendiendo las necesidades de los jóvenes a partir de su contexto diario, implementar un enfoque integral de mitigación y prevención que permita responder de manera efectiva a las problemáticas a las que se enfrentan, reconociendo la importancia de las trayectorias y conociendo los puntos de desconexión para generar habilidades que les permita acceder y permanecer en un empleo formal; generar un enfoque diferencial de género, reconociendo que las mujeres jóvenes se exponen a barreras mucho más amplias que los hombres jóvenes.
