Desde el pasado primero de octubre cuando se habilitó Playa Azul, en La Boquilla, y nueve días después cuando se aperturó el sector El Bonny, en Bocagrande, la presencia de bañistas ha sido notoria.

Al respecto, María Claudia Peñas, asesora para la Reactivación Económica del Distrito, informó a El Universal que a la fecha estos dos balnearios han recibido a 16.943 personas.

Tan solo el pasado puente festivo, el primero durante la fase de aislamiento selectivo con distanciamiento individual responsable y la reactivación de casi todos los sectores económicos, 7.500 personas asistieron a las playas bioseguras.

Estas casi 17 mil personas antes de disfrutar de un baño de mar tuvieron que hacer la respectiva reserva, ya que las dos pilotos tienen capacidad limitada y horarios determinados, de 8 de la mañana a 12 del mediodía y de 1 a 5 de la tarde.

Playa Azul tiene capacidad para 564 personas, distribuidas en 94 unidades sociofamiliares, mientras que la zona en Bocagrande tiene cupo para 720 personas en 120 módulos.

“La reactivación de las playas ha sido muy positiva. El protocolo para ir a los balnearios es uno de los más estrictos y aunque la implementación no ha estado exenta de inconvenientes, sí es un paso importante hacia el ordenamiento de playas estipulado en el decreto 1811 de 2015 y nunca había sido ejecutado”, sostuvo la asesora del Distrito.

‘Los peros’

La funcionaria indicó que aunque el comportamiento de los bañistas y vendedores en términos generales ha sido bueno, algunos no acataron todas las medidas de bioseguridad.

“Tuvimos casos en los que los bañistas no se ponían nuevamente el tapabocas al regresar al módulo o vendedores informales y estacionarios que se salían de la zona de servicios y esto no se puede”, afirmó María Claudia Peñas.

Esto teniendo en cuenta que los dos pilotos disponen de un control de ingreso, zona de sistema de enlace, zona de servicios turísticos, zona de transición, reposo y una zona activa exclusiva para los bañistas.

Peñas enfatizó que estas medidas de bioseguridad están diseñadas para evitar los contagios de COVID-19.

“Este nuevo protocolo de bioseguridad en playas nos exige, tanto a los bañistas como a los que ofrecen servicios y bienes turísticos, que reconozcamos y respetemos las zonas delimitadas para cada actividad. La administración Dau sigue trabajando para fortalecer todos los mecanismos y procesos para que ir a la playa siga siendo una actividad segura”, agregó la funcionaria.

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