El lamentable accidente ocurrió en el barrio 20 de Julio al norte de Santa Marta. En el mismo hecho, otro joven, al parecer vecino de la víctima, resultó herido de gravedad y permanece bajo pronóstico reservado.

Con el paso de las horas comenzaron a conocerse los detalles que explican por qué Nadimes Katiusca Maya Castillón estaba desmontando un tanque elevado el día en que murió.

La tragedia no empezó con la caída.

Empezó días antes, cuando tuvo que irse de la casa donde vivía en arriendo.

La mujer, de 40 años y madre de tres hijos, había sido obligada a mudarse luego de negarse —según relatan familiares y personas cercanas— a permitir la instalación de propaganda política en la fachada del inmueble que ocupaba en el barrio 20 de Julio.

Ese hecho marcó el inicio de una cadena de decisiones que terminarían en una muerte inesperada y hoy profundamente cuestionada por quienes conocieron su historia.

Una mudanza obligada

Nadimes era conocida en el sector como una mujer trabajadora. Sostenía a sus hijos vendiendo comidas rápidas en la calle 3 con carrera 16 y, según allegados, cumplía puntualmente con el pago del arriendo.

Sin embargo, la convivencia cambió cuando la propietaria del inmueble le habría solicitado autorizar la instalación de un pendón político en la vivienda. Ella se negó.

La respuesta, aseguran cercanos, fue inmediata: debía desalojar la casa.

En cuestión de días tuvo que buscar dónde vivir con sus tres hijos —dos adolescentes de 15 y 16 años y un niño de apenas cinco— logrando trasladarse al barrio Obrero gracias al apoyo de conocidos.

Pero la mudanza quedó incompleta.

Aún faltaban cosas por retirar. Entre ellas, un tanque elevado que era de su propiedad.

El regreso terminó en tragedia.

Una semana después volvió a la antigua vivienda para desmontarlo.

El tanque estaba instalado a más de seis metros de altura. Comenzó a retirarlo sin imaginar que la estructura metálica que lo sostenía estaba deteriorada.

De un momento a otro todo colapsó.

El tanque se vino abajo y ella cayó violentamente al vacío. El golpe fue devastador.

Quedó gravemente herida, con múltiples traumas y una lesión severa en la cabeza mientras familiares y vecinos intentaban auxiliarla en medio del desespero.

Minutos perdidos y una ayuda que no llegó

Testigos aseguran que las ambulancias nunca aparecieron pese a los llamados de emergencia. Los minutos pasaban y la situación empeoraba.

Fue la hija de una amiga cercana, enfermera, quien logró contactar una ambulancia particular que finalmente la trasladó al Hospital Julio Méndez Barreneche.

Los médicos intentaron salvarle la vida, pero las heridas eran irreversibles.
Nadimes murió horas después.

El dolor que quedó

La tragedia dejó a tres hijos sin su madre.

El menor, de cinco años, repite una frase que hoy resume el impacto de la pérdida:

—“Mi mamá se nos fue… mi mamá no viene más… mi mamá se cayó”.

Familiares y vecinos coinciden en algo: Nadimes no estaba haciendo nada distinto a intentar recuperar lo que era suyo para empezar de nuevo.

Lo que comenzó como una mudanza terminó convirtiéndose en una tragedia que hoy se reconstruye pieza por pieza. Porque detrás del accidente hubo una historia previa.

Una decisión. Un desalojo. Un regreso inevitable y una madre trabajadora que nunca imaginó que aquel último viaje a la casa que dejó atrás sería también el último día de su vida.

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