En el debate de La Gran Consulta, la aspirante Vicky Dávila lanzó una pregunta que encendió el ambiente:
—“¿Vos por qué te gusta tanto ese Petro?”
La frase, dirigida a Juan Daniel Oviedo, no solo sorprendió por el tono directo, sino por la carga política que implicaba en pleno escenario nacional.
Lo que vino después dejó el estudio en silencio.
Oviedo, lejos de engancharse en la provocación, respondió con calma. Explicó su postura frente al gobierno de Gustavo Petro, marcando distancia en varios puntos, pero reconociendo coincidencias técnicas en otros. No hubo ataque, no hubo evasivas. Fue una respuesta estructurada, serena y medida.
El contraste fue evidente: mientras la pregunta buscaba una definición casi emocional, la contestación se movió en el terreno de los argumentos.
La periodista quedó sin repregunta inmediata y el resto de los participantes mantuvo un silencio que habló por sí solo.
Más allá de simpatías o diferencias ideológicas, el intercambio dejó claro que en la contienda no solo se juega con frases punzantes, sino también con la capacidad de sostener una postura bajo presión.
