La vida le había dado un golpe seco a Roger Doria Cantero apenas comenzaba el año. El 12 de enero, en su casa del corregimiento de Cotoca Arriba, en Lorica, el tiempo pareció detenerse con la muerte repentina de su hermano menor, Reinaldo Doria Cantero, víctima de un infarto fulminante. El dolor se instaló en la familia como una sombra difícil de espantar.


Diecinueve días después, cuando aún no se apagaban las lágrimas ni el silencio que dejó la ausencia, Roger salió nuevamente a la carretera. Esa tarde del viernes 30 de enero regresaba a casa con un mercado sencillo, cargado más de esperanza que de víveres. Era su manera de seguir, de sostener a los suyos, de no dejarse vencer por la tristeza reciente.
Pero el camino fue cruel. En la doble calzada Lorica–Cereté, a la altura del sector Los Gómez, el destino le cerró el paso. Roger se movilizaba en una motocicleta cuando colisionó por la parte trasera contra un camión tipo furgón. El impacto fue devastador. Su vida se apagó en el lugar, y el mercado que llevaba quedó regado sobre el asfalto, como un símbolo doloroso de todo lo que no pudo llegar a cumplirse.

En el accidente también resultó gravemente herida una joven que lo acompañaba, quien fue trasladada de urgencia a un centro asistencial, donde permanece bajo atención médica especializada.


Hoy, Cotoca Arriba guarda luto. En menos de un mes, una misma familia perdió a dos de sus hijos. El nombre de Roger se suma al de Reinaldo en una historia que duele contar y que deja al municipio de Lorica con el corazón apretado, recordando que, a veces, la tragedia no avisa y llega dos veces al mismo hogar.

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