La entrega de la medalla del Premio Nobel de la Paz por parte de María Corina Machado al presidente estadounidense Donald Trump ha desatado una tormenta política y mediática en Noruega, sede histórica del galardón. El acto, calificado de “vergonzoso” y “surrealista” por analistas y dirigentes políticos, ha sido interpretado como una grave desnaturalización del prestigioso premio.
Machado defendió su decisión como un “reconocimiento especial” al compromiso de Trump con la democracia venezolana, asegurando que el mandatario “se lo merece”. La Casa Blanca celebró el gesto, difundiendo imágenes del presidente posando con la medalla en el Despacho Oval y calificándolo como una muestra de “respeto mutuo”.
Sin embargo, desde Oslo, la reacción fue muy distinta. El Comité Noruego del Nobel reiteró que el premio es inseparable de la persona galardonada y que ninguna acción simbólica altera el registro histórico del reconocimiento. Aun así, expertos y organizaciones civiles denunciaron que entregar la medalla al “hombre más poderoso del mundo” —acusado de socavar la democracia— contradice el espíritu del Nobel de la Paz.
La controversia se agrava por el incierto papel político de Machado en Venezuela, especialmente después de que el propio Trump pusiera en duda su capacidad y respaldo para liderar una transición democrática. Para muchos observadores en Noruega, el episodio no solo daña la imagen de la dirigente venezolana, sino que supone uno de los momentos más incómodos en la historia reciente del premio.
